Recuerdo las palabras de una colega que compartía cómo, en los paseos familiares, logran desconectarse del afán cotidiano para simplemente disfrutar de la presencia de los suyos. Es una lección valiosa en un mundo que a veces nos empuja a trabajar sin sentido.
A menudo, escucho a personas decir que su mayor deseo no es encontrar más trabajo, sino vivir en paz: disfrutar de un buen libro acompañado de una taza de café, valorar las expresiones artísticas, reunir a los amigos y, sobre todo, no negar esos cinco minutos cuando alguien busca platicar con nosotros.
La reflexión de hoy es un llamado a la autenticidad y a la cercanía: no permitamos que los mensajes importantes de nuestra vida sean entregados siempre por un tercero, como ocurre en los cuentos de hadas. Seamos nosotros quienes llevemos nuestras propias palabras, con la sencillez, la honestidad y la paz que un niño siempre sabe transmitir.


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